En un despacho de seis personas, una silla vacía cambia el día entero. Alguien atiende el teléfono que no le corresponde, otro aplaza una tarea y una tercera persona explica al cliente por qué su asunto tendrá que esperar. Si la ausencia dura una semana, el ajuste deja de ser puntual. Si se repite, el cansancio empieza a instalarse en quienes siguen trabajando.
Ese es el absentismo que preocupa a muchas empresas de oficinas y despachos: el que altera la actividad, eleva costes y reparte una carga inesperada entre el resto del equipo. El debate se estropea cuando se mete todo en el mismo saco. Una baja médica justificada, un permiso, una ausencia sin justificar y un fallo de organización pueden producir el mismo hueco, pero no tienen la misma causa ni admiten la misma respuesta.
La empresa debe proteger a la persona enferma. También tiene la obligación de sostener el trabajo y cuidar a quienes cubren la ausencia. Hablar de ambos deberes con claridad permite abordar un asunto incómodo sin convertir cada baja en sospecha ni cada dificultad empresarial en falta de sensibilidad.
El coste invisible aparece en la mesa de al lado
La nómina y una posible sustitución muestran solo una parte del coste. Hay expedientes que cambian de manos, responsables que interrumpen su trabajo para reorganizar prioridades y compañeros que alargan la jornada durante unos días. En actividades basadas en el conocimiento, sustituir no consiste en sentar a otra persona frente al ordenador. Hace falta contexto, acceso a la información y tiempo para entender qué estaba en marcha.
Cuando la situación se prolonga, la factura deja de ser únicamente económica. Aparecen errores, retrasos y una sensación difícil de gestionar: quienes acuden cada día perciben que el esfuerzo adicional siempre recae sobre los mismos. Una empresa que ignore ese desgaste puede terminar multiplicando el problema que trataba de contener.
El artículo 29 y una discusión incómoda
El artículo 29 del convenio regula el complemento durante la incapacidad temporal. En las bajas por enfermedad común o accidente no laboral, la empresa completa las prestaciones de la Seguridad Social hasta el cien por cien de la base reguladora desde el noveno día, con un máximo de doce meses mientras se mantenga la relación laboral. En caso de accidente de trabajo, el complemento se aplica desde el día siguiente.
OFYDES intentó revisar este régimen en la última negociación y no alcanzó un acuerdo. El asunto seguirá siendo difícil porque el complemento cumple una función protectora evidente y, al mismo tiempo, representa un coste directo para la empresa. Cualquier propuesta seria tendrá que explicar qué problema pretende resolver, qué conductas quiere evitar y cómo preserva la cobertura de quien realmente la necesita.
El convenio permite comprobar el estado de salud alegado mediante un reconocimiento a cargo de personal médico. Esa facultad tiene límites claros. La dirección no puede acceder al diagnóstico ni utilizar el control como una pesquisa general sobre la vida clínica de la plantilla. Comprobar una situación concreta y desconfiar de todo el mundo son decisiones muy distintas.
Sin datos todas las ausencias parecen iguales
Muchas empresas conocen el número total de días perdidos, pero no la historia que cuentan esos días. Conviene separar las ausencias por causa, duración, frecuencia y área de trabajo. También importa saber si se concentran en una época, si coinciden con una carga extraordinaria o si recaen de forma repetida sobre el mismo equipo.
Ese análisis debe hacerse con información organizativa. Los diagnósticos pertenecen al ámbito protegido de la persona. Para gestionar basta con detectar pautas: bajas breves que se repiten, departamentos con una incidencia anormal, reincorporaciones que terminan en una nueva ausencia o permisos que siempre se comunican tarde.
Los datos también pueden incomodar a la propia empresa. Un aumento de las bajas quizá revele sobrecarga, mala planificación o un riesgo psicosocial que no se atendió a tiempo. Medir sirve para exigir responsabilidad cuando existe un incumplimiento acreditado, pero también para corregir aquello que depende de la dirección.
La reincorporación merece la misma atención que la ausencia. Después de una baja larga puede ser necesario actualizar información, revisar durante unos días la carga o facilitar una adaptación temporal. Recibir a la persona con una montaña de asuntos atrasados es una manera bastante eficaz de preparar la siguiente baja.
Prevenir, controlar y corregir
No existe una única política contra el absentismo. La prevención de riesgos, una distribución razonable del trabajo y responsables capaces de detectar problemas tempranos reducen determinadas ausencias. Cuando aparecen indicios concretos de abuso, la empresa dispone de mecanismos de comprobación y del régimen disciplinario si llega a acreditarse un incumplimiento.
La clave está en aplicar cada herramienta a la causa adecuada. Un control indiscriminado deteriora la confianza y castiga a quienes actúan correctamente. La pasividad tampoco es neutral: deja el coste en la empresa y el esfuerzo en los compañeros. El próximo convenio debería abrir este debate con datos del sector, sin caricaturas y sin miedo a reconocer que la protección de la salud necesita un sistema sostenible.
La responsabilidad también forma parte del acuerdo
Una relación laboral equilibrada protege a quien no puede trabajar y exige buena fe a quien sí puede hacerlo. OFYDES tiene la oportunidad de llevar a la próxima negociación la experiencia de los despachos que sufren el problema cada semana, junto con propuestas que distingan prevención, cobertura y abuso.
El absentismo deja de ser una estadística cuando el teléfono suena y nadie puede cogerlo. La respuesta empieza por medir bien el problema. Después hay que intervenir a tiempo y repartir las responsabilidades con justicia.